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—Lamento llegar tarde. Tuvimos que pasar 10 minutos raspando el hielo del coche antes de poder salir —dijo Ignacio al llegar a la clase de tenis. 

Él y su amigo Deshi tomaban clases de tenis los Sábados por la mañana en una cancha interior del club de tenis. A los dos les encantaba el tenis, y querían jugar como equipo de dobles en la secundaria. Esta era la primera lección del curso. 

La noche anterior, Ignacio y Deshi habían jugado ahí contra otros dos amigos y la madre de Ignacio los había llevado a casa. A la salida, había parado en la recepción y había comprado varias latas de pelotas de tenis que necesitarían para las lecciones. Deshi había cerrado el maletero del coche después de que ella las había puestro dentro. 

El padre de Deshi había comprado pelotas de la misma marca de camino a la lección de esa mañana. Cómo los dos tenían pelotas de la misma marca, no se preocuparon en separarlas mientras las usaban para calentar. 

Algunas pelotas rebotaban como de costumbre, pero otras parecían estar muertas. 

—¿Qué le pasa a estas pelotas? —preguntó Ignacio—. Tal vez deberíamos pedir que nos devuelvan el dinero. 

—Antes de hacer eso, dejemos las pelotas muertas a un lado por un momento —dijo Deshi—. Puede que vuelvan a la normalidad. 

—¿No crees que estan dañadas permanentemente?  —preguntó Ignacio.