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Por mucho que Leila extrañara a su amiga Chloe durante sus vacaciones de verano, reconocía que Chloe debía estar pasándola muy bien viajando. 

El padre de Chloe estaba trabajando en un tratado de comercio entre los Estados Unidos y otros países con fronteras en el Océano Pacífico. Como estaría viajando durante semanas, le permitieron llevar a su familia siempre y cuando él pagara sus gastos. Chloe y su madre pasearían mientras su padre trabajaba. Cada día Leila verificaba si tenía un nuevo correro de Chloe detallando sus aventuras. 

Chloe le había dado a Leila la lista de países que visitaría su familia y hasta el momento habían estado en cuatro—faltaban Japón, China, y Nueva Zelanda. Pero Chloe no le había dicho a Leila en qué orden visitarían los países. En vez, cada vez que Chloe llegaba a un nuevo país tomaba fotos, las anejaba a un correo electrónico, y retaba a Leila a que adivinara dónde estaba. 

El correro de este día no tenía imágenes, solo un mensaje: Ayer volamos a un país nuevo, pero oscureció tan temprano que no puede tomar fotos en el exterior. Tomaré algunas hoy y te las enviaré para que adivines en qué país estoy. 

Leila le contestó: Envíame las fotos, pero ya sé dónde estás. 

Al rato, le llegó un mensaje de Chloe: ¿Cómo lo sabes?