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—¡Hannah!... ¿Puedes salir ahora mismo, por favor? ¡Tu hermana, tu papá y yo llevamos casi diez minutos esperándote!

—¡Ya voy, mamá! —dijo Hannah. Hannah penso para si misma, detesto los días a mediados de noviembre, cuando todas las hojas se han caido y tenemos que rastrillarlas. 

Tras media hora rastrillando hojas, Hannah tenía ampollas en las manos, pero ya casi terminaban, Solo faltaba rastrillar una pila más de hojas. El problema era que la pila estaba entre dos filas de autos y furgonetas, y tenían que moverlas hasta donde el camión recolector pudiera alcanzarlas. 

—Oye, Juliet —le dijo Hannah a su hermana—. Hagamos una carrera; la primera en rastrillar su mitad de la pila de hojas al otro lado de los vehículos gana. 

—Está bien. ¡Pero la perdedora tiene que limpiar los rastrillos! 

Separaron la pila de hojas en partes iguales. Juliet le echó un vistazo a las filas de vehículos que tenía a cada lado. La de la izquierda tenía 3 furgonetas estacionadas a 3 pies de distancia una de la otra; la de la derecha tenía 4 autos estacionados a esa misma distancia uno del otro. 

—Papá, ¿cuánto miden un auto y una furgoneta? —preguntó Juliet. 

—Un auto como 15 pies y una furgoneta como 20 —le respondió. 

—Cada una debería escoger una fila para rastrillar —dijo Hannah. 

—Escojo la de la izquierda —dijo Juliet. 

—Está bien.

—En sus marcas, listas... ¡FUERA! —gritó Juliet. 

Después de unos minutos rastrillando a toda velocidad, Juliet anunció orgullosamente que había terminado. 

—¡Tramposa! —le dijo Hannah. 

—No hice trampa, Ana. Mira, te lo explicaré... —dijo Julieta—.